lunes, 26 de abril de 2010

Salida moteril

¿Te apetece dar una vuelta en moto?

Así empecé una conversación en el Messenger. Ella se resistió al principio porque sé que le gusta hacerme sufrir. Se hace de rogar unos minutos hasta que cede agradeciendo a los dioses que no hubiese retirado mi propuesta a la primera de cambio.

La recojo en su casa. Le entrego el casco, se lo pone y le ajusto la correa. Su piel está caliente. Muy caliente. No le pregunto por qué. Mete su mochilita en el baúl y lo cierro con llave. Monto en mi moto y le indico que ella puede subir ya. Se propone subir. Tengo las piernas cortas, me dice con voz alegre. Cuando se acomoda en el asiento me dice: "No vayas muy rápido", a lo que yo respondo que sí. Arranco el motor y salimos rugiendo del pueblo.

Nos dirigimos al pueblo de Dos Aguas. Nos esperan 28 kilómetros de inacabables y excitantes curvas. Conozco completamente el trazado. Sé en que curvas hay humedades sombrías o traicioneras manchas de gravilla.
Y por supuesto, también sé cuáles son las rectas donde se alcanzan las velocidades menos legales del trazado. Tres curvas y empieza la recta. Dos. Una. Llevo la cuarta marcha engranada. Embrago y bajo a segunda. Desembrago y giro el acelerador rápida y progresivamente. Los 98 caballos empujan súbitamente. Sus manos se agarran a las riendas con más fuerza. Pero es insuficiente. El empuje la aleja de mi. Subo a tercera marcha. Sus piernas me apretan intentando quedarse. Subo a cuarta. Se pega a mí y espera que cese el viento que azota la visera de su casco. Podría haber subido a quinta marcha, pero me parece excesivo para su primera vez por lo que dejo de acelerar. A 500 metros hay una curva y justo después un stop.

Las curvas de Dos Aguas son unas de las mejores y más frecuentadas por los motoristas durante todo el fin de semana. Aunque también hay algunos escapados que las disfrutan entre semana. Llegamos al pueblo de Dos Aguas y paro al lado de la acera. Le pregunto qué le ha parecido. Me responde con una cara orgásmica que muy bien, pero con zonas de cague. Le sonrío y volvemos a lo que nos ocupa: llegar al mirador. Está a 6 kilómetros del pueblo y las curvas son deliciosas.




El mirador es un ensanchamiento de la carretera en el que han instalado una valla de madera en su borde desde donde se puede contemplar el valle. El pantano de los Naranjos se encuentra en la pendiente contraria del valle en el que nos entramos. Nos quedamos unos minutos hablando y montamos de nuevo en la moto. Ahora nos dirigimos al puente sobre el río Júcar, entre Dos Aguas y Millares.

Las curvas de Millares no producen el nivel de adrenalina que las de Dos Aguas, pero tienen a favor que han sido recientemente reasfaltadas, ofreciendo un agarre excelente. Desde Dos Aguas al puente hay poco más de 4 kilómetros que se cubren en otros tantos minutos. Estaciono la motocicleta en un descanso a la derecha de la carretera. El puente está situado sobre el cañón que forma el río Júcar a su paso por estas tierras calcáreas. Si continuáramos más adelante, el cañón gana en profundidad y se estrecha, consiguiendo que no podamos ver el agua del río. El puente encierra una curiosa cualidad: si afinas el oído puedes escuchar los sonidos del río reverberados en sus vigas. Un rumor muy relajante. Contemplamos el paisaje y nos dirigimos a la moto.



32 kilómetros nos separan de casa. La vuelta la hacemos por Real de Montroy. Las curvas fluyen sin ninguna dificultad. Llegamos a su casa y se baja de la moto maldiciendo alegremente las cortas piernas que la Naturaleza le ha impuesto. Me devuelve el casco y le entrego su mochilita. Han sido 3 horas de continuo orgasmo motero. Me despido de ella mientras me alejo con mi montura, haciéndola relinchar en cada cambio de marcha. En los 3 kilómetros siguientes hasta mi casa, me doy el gusto de apretarle un poco las orejas a la moto.

Concluyendo, una salida casi perfecta.

viernes, 23 de abril de 2010

El día de San Jorge.

Como muchos de vosotros sabréis, hoy ha sido el Día de San Jorge, además del Día del Libro. También conoceréis la leyenda de San Jorge, en el que éste rescataba a una bella princesa de las feroces garras de un dragón clavándole la espada en el corazón. De la sangre de la bestia nació una rosa, que fue regalada a la princesa rescatada.
Hoy también es el día de los enamorados, en el que se regala una rosa a la mujer amada y un libro al hombre querido. Todo esto lo escribo para que me contéis si habéis regalado, si os han regalado o si os habéis quedado con las ganas como un servidor.

Feliz Día de San Jorge a todos aquellos que hayáis recibido un presente o a los que lo hayáis podido entregar. Aquí seguiremos a la espera.

domingo, 18 de abril de 2010

Prueba

Esto es una prueba.